¿Por qué decimos abstracto?
¿Por qué decimos abstracto? La respuesta simple nos pone en contradicción con la representación. Abstracto no es figurativo... ¿Analizamos juntos esta obra?
La Composición VIII, de Wassily Kandinsky es una de las obras más representativas de este género:
Figura
1: Kandinsky, W. (1923). Composición VIII
[óleo sobre lienzo].
Nueva York, Solomon R. Guggenheim Museum.
En base al marco teórico
planteado por los contenidos que se desarrollarán en este seminario, esta obra puede considerarse moderna ya que la misma
goza de autorreferencialidad, y no obedece a la narrativa mimética que organizaba
la circulación artística al menos desde el siglo XV: “La pintura, representándose a sí misma, se embarca en un proceso de
investigación sobre sus propias condiciones de existencia”. Este arte, en su
versión moderna, se convierte en un banco de experimentación y el artista
moderno, en operador de la indagación que el arte hace sobre sus propios
límites.
La pintura abstracta de Kandinsky
ilustra el abandono de todas las referencias a una realidad visual
extra-pictórica. Es decir, que los elementos del lenguaje plástico dejan de ser
meros operadores de semejanza. La obra, entonces, expresa un conjunto de
contradicciones “entre la persistencia de los indicadores miméticos y la
manifestación autosuficiente de elementos del lenguaje plástico que buscan
adquirir un valor autónomo de cualquier utilidad representativa”. Es decir, que
tanto en la abstracción en general como en la obra que analizamos pueden
cotejarse los desplazamientos hetero y autorreferenciales tanto del productor
(artista) como del espectador de la misma, en tanto receptor que ya no se
beneficia de los efectos de la semejanza de la representación.
La pintura, por
tanto, se representa a sí misma a través de composiciones dotadas de un rico
juego formal...

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